Esta semana se celebra en muchos sitios la Semana Mundial de la Lactancia Materna.

Las redes sociales se llenan de tips y consejos promocionando la lactancia y se organizan charlas, talleres y actividades por todas partes.

Existe mucha información hoy en dia, tal vez demasiada, y aunque la dificultad radica claramente en distinguir el grano de la paja, cada vez más podemos encontrar un grupo de lactancia cerca de nuestro domicilio, una asesora de lactancia, una comadrona con un grupo de postparto o aquella amiga que dio el pecho tanto tiempo y nos puede brindar apoyo.

Y por supuesto, las redes sociales son una fuente inagotable de acompañamiento, al menos virtual.

Asi que no voy a hablar de beneficios o de ventajas de la lactancia, ni de perjuicios ni desventajas de la artificial, ni a dar consejos ni explicar como es un buen agarre ni nada parecido porque los podeis encontrar en las redes ahora mismo.

Voy a hablar de un aspecto de la lactancia materna de la que se suele hablar muy poco: la contención emocional, o la nutrición emocional que también le llaman. O tal vez se habla en general, sin poner ejemplos concretos, asi que aqui va mi experiencia personal, por si a alguien le puede servir de ayuda y como contribución a esta semana mundial de la lactancia materna.

bebe y mama

Empiezo el relato:

Decidí dar el pecho a mis hijos porque era lo que quería y nada más. Nadie me obligó ni me convenció para que lo hiciera. Al contrario, a la primera de cambio ya me estaban dando biberones, a pesar de que mi deseo explícito era dar el pecho.

Tuve muchísimos problemas al principio: dolor, grietas, ingurgitaciones… hice lactancia mixta con mi primer hijo un tiempo hasta que resolvimos las dificultades. Con la segunda tuve dificultades, claro que si, pero ya no fueron dramáticas ni dolorosas. Ya era asesora de lactancia y llevaba tiempo llevando un grupo de apoyo, no hacia mucho pero lo suficiente para darme la confianza en mi misma necesaria y sacar adelante la lactancia.

Me encontré con personas que me animaban a dejar el pecho pero no les hice caso. Y menos mal que no les hice caso, porque la lactancia fue una liberación y porque fue una herramienta imprescindible para superar las rabietas incontrolables y aterradoras de un niño con autismo sin diagnosticar.

(Una aclaración: en un niño autista existen dos situaciones que se pueden dar. Una rabieta: como la que tienen todos los niños en una etapa muy determinada de su desarrollo. O una crisis sensorial: por sobreexposición a un estímulo sensorial que acaba desbordando el niño dadas sus dificultades para regularse.)

Un niño pequeño tiene pocas herramientas para sobrellevar una rabieta, pero un niño pequeño con autismo tiene grandes dificultades de comprensión del entorno y le faltan muchas herramientas o más bien diría que las que tiene de serie no son muy bien vistas socialmente.

Cuando el niño se convierte en adulto, puede seguir viviendo situaciones en las que se desborde sensorialmente. Pero de este aspecto no hablaré, dado que no lo conozco en primera persona.

Me tocará vivirlo, más bien como espectadora. Entiendo de todos modos, que evolucionan y se desarrollan y seguramente adquieren nuevas herramientas si es que han recibido un apoyo adecuado. Eso espero.

Mi hijo tiene 10 años y ha cambiado muchísimo. Las crisis sensoriales han disminuido y cuando suceden debo decir claramente que se veían venir pero por cansancio nuestro, prisas y acumulación de cosas no hemos sido capaces de dejarle espacio para calmarse antes de estallar.

A los 18 meses empezaron los signos más visibles y descarados del autismo. Antes de los 18 meses ya era un bebé muy nervioso, altamente demandante e incontrolable, dormía poco y lloraba mucho, mucho, mucho.

Dejó de comer, empezó a seleccionarlo todo, tenia obsesiones y manías muy marcadas y su lenguaje no evolucionaba. No respondía a su nombre, se quedaba embobado con las cosas, apilando torres y tirándolas, o haciendo filas, el juego simbólico no arrancaba, me echaba de la habitación, me apartaba, estaba ahí, jugando con sus cosas, como en una burbuja.

No sabia jugar con sus iguales, en un momento en que los demás niños empiezan a interactuar y a relacionarse, él no sabía como hacerlo, era un matón, tal cual os lo digo, para jugar solo sabia pegar.

Las rabietas empezaron y las crisis sensoriales también. No se le podía tocar el pelo ni bañarlo. No soportaba el ruido de la maquinilla de afeitar de su padre, ni el ruido del secador, lloraba y pataleaba.

Pensábamos que era normal y que se le pasaría, pero no se le pasaba. No avanzaba y en fin, las respuestas a nuestro alrededor ya las he explicado: no le pones limites y deja de darle la teta que comerá.

¿Qué pasaba? Pues que yo sabía perfectamente que la teta no era la culpable de esos comportamientos extraños.

Falta de apoyo total y absoluta. Mi marido siempre le decía a todo el mundo que si el niño se dormía colgando de los pies boca abajo como un vampiro y todos descansábamos, que el niño dormiría colgado boca abajo como un vampiro y punto.

Es muy fácil decir: sácale la teta, dile que no haga esto o aquello o que se esté quieto cuando no eres tú el que tiene que estar con un bebé que sufre y llora y no se comunica contigo, es muy fácil decirlo cuando no ofreces alternativas a unos padres desbordados.

La lactancia materna, el porteo y el colecho fueron una LIBERACIÓN. Y lo pongo así, en mayúscula, porque no sé como habría acabado mi salud mental sino hubiera sido por esas tres herramientas. Eran mis herramientas y me funcionaban.

Los profesionales de la salud parece ser que no están acostumbrados a ver unos padres responsivos a través de estas herramientas. Los progenitores pueden ser responsivos con una cuna, un biberón y un carrito, pero nosotros lo eramos en una forma que no entraba en sus esquemas. Así que, en una, para mi, clara irresponsabilidad, achacaban a nuestra forma de criar nuestras dificultades con el niño.

De los 18 meses a los tres años que empezó el colegio, la tortura a la que nos veíamos sometidos iba en aumento. Las exigencias sociales eran cada vez mayores y su ansiedad ante la falta de apoyo del entorno crecía exponencialmente.

EL COLECHO: el sueño es aterrador, lo sigue siendo y tiene 10 años. El colecho ha sido una herramienta imprescindible para el descanso de todos. Ya no duerme con nosotros, tiene autismo y le cuesta coger el sueño, hemos ido cambiando las estrategias y avanzamos. ¡Y más que avanzaremos! Aquí publiqué nuestras herramientas para el sueño. Pensar que si duermes con tu hijo los primeros años de vida, nunca va a querer irse de tu cama, no tiene ningún sentido porque todos evolucionan y se desarrollan. Cada uno a su manera. El problema es nuestra sociedad que no respeta los ritmos de crecimiento y desarrollo y la falta de conocimientos sobre el colecho seguro por parte de muchos profesionales de la salud y de la población en general. Y el problema también es la falta de apoyo y acompañamiento a las familias que se ven solas en la dura tarea de criar. Para criar a un niño se necesita a toda la tribu, ya no tenemos tribu y buscamos el apoyo como podemos.

Si no quieres colechar, que sea porque tú no quieres, no porque te mientan y te inculquen miedos y prejuicios.

EL PORTEO: un niño con autismo, sin diagnosticar, escapista, incapaz de percibir el peligro, incapaz de prestar atención al entorno que le rodea, saturado de estímulos, incapaz de comunicarse contigo, con un perfil sensorial mixto en el que a menudo necesita presión corporal para sentirse bien: donde mejor está, es en un portabebé con su madre o con su padre bien apretadito y contenido.

Las manos libres siempre y sin cargar potitos, agua ni polvos, salia a la calle con un pañal de recambio, toallitas y poca cosa más. Para mí, eso era libertad.

Tampoco lo llevamos en brazos ya, ni lo porteamos. Llegó un momento en que evolucionó, se desarrolló y pasamos al carrito. Atado, seguro: para evitar caídas y llegar a los sitios a tiempo. Como lo llevara suelto a la que le daba por ahi, se levantaba, me tumbaba el carrito y ¡ala! ¡A darle vueltas a las ruedas!

Lo llevé en fular, me criticaron porque no iba a querer nunca bajarse de mis brazos, lo llevé en carrito y me seguían criticando porque ya era mayor para estar en el carrito sentado. ¡Mira que es pesada la gente! Porque es que toooodo el mundo opina, hasta gente que ni conoces por la calle te tiene que soltar alguna. En fin, lo dicho, todos evolucionan, a ritmos y maneras diferentes, pero evolucionan. Así que ya no va en carrito, pero tenemos que vigilar que no se despiste porque entra en su círculo de aburrimiento que digo yo, empieza a dar vueltas, se abstrae de lo que le rodea y no sabe ni donde está. Esto tendremos que ver como lo trabajamos con él porque si quiere ir solo por la calle, tendrá que encontrar la manera de controlarlo y vigilar lo que tiene alrededor. Si no lo consigue, pues ya veremos que hacemos. Suerte que hoy en día con los móviles…

Lo dicho, si coges a tu hijo en brazos no lo malacostumbras ni tonterias de esas y si porteas a tu hijo con seguridad, tampoco le vas a causar un trauma tal a tu hijo que no quiera caminar.

Si no quieres portear, que sea porque tú no quieres, no porque te mientan y te inculquen miedos y prejuicios.

LA LACTANCIA MATERNA, EL AUTISMO Y LAS RABIETAS. Si el colecho fue una liberación que nos permitió descansar y el porteo fue una liberación por poder llevar controlado y feliz a nuestro hijo, la lactancia fue un pilar total y absoluto sin el que probablemente hubiéramos acabado al borde del abismo en poco tiempo.

Mi hijo mamaba mucho, mucho, muchas veces. La crisis de los dos años que todos pasan fue terrible, lo es para todos, mamas y bebes, muy difícil, demandante. Es una etapa en la que maman como si tuvieran dos días de vida, en lugar de dos años. La crisis de los dos años se alargó demasiado, síntoma inequívoco de que algo en su desarrollo no iba bien.

Cuando se desbordaba, teta. Cuando explotaba, teta. Cuando lloraba, teta. Y así íbamos pasando. Cumplió los tres años mientras yo estaba embarazada de mi segunda hija, seguía mamando igual. Nació mi hija y seguía mamando igual. Así que después de vivir un episodio de agitación en el amamantamiento al poco de nacer ni hija, decidí destetar. Lo hice mal, no os voy a decir otra cosa, pero es que no podía hacerlo bien de ninguna de las maneras. Sin saber que tenia autismo, sin saber que su mente funcionaba de forma diferente, sin saber que necesitaba anticipación, soportes visuales y acompañamiento para la gestión de las emociones, el destete fue de todo menos respetuoso. Entre que acabó p3 y empezó p4 le quité la teta. Tenia a mi hija pequeña lactando así que yo no sufrí ni por falta de succión ni sufrí cambios hormonales por dejar de lactar. Y él se quedó sin su herramienta más valiosa, su teta.

Sus rabietas al curso siguiente se multiplicaron en frecuencia y en intensidad. Las exigencias sociales, la falta de apoyo del entorno y la ausencia de lenguaje estructurado eran una maldita bomba de relojería que cada vez permitía menos tiempo entre explosión y explosión.

En p3 las rabietas las achacábamos a un cambio de domicilio e incluso al nacimiento de su hermana.

Pero al llegar a p4 era evidente que no podía ser eso. Mordía, pataleaba, gritaba, pegaba y ya no podíamos más.

La ultima vez que fue al colegio fue en la fiesta de carnaval. Lo obligué por enésima y última vez a ir a ese colegio.

Me pasaron fotos por wapp algunas mamas del cole que pudieron ir a verlos, yo no pude porque estaba trabajando. Lo vi por la tarde.

Triste, resignado y sin entender nada de lo que pasaba a su alrededor. Con aquellos ojos desesperados, atenazados por el miedo y la soledad.

Hablamos mi marido y yo. Y se quedó en casa. Volvió a tomar teta. Se reenganchó después de unos meses de dejarlo.

En esa época, entre p4 y p5, empezamos la búsqueda activa de ayuda, hasta ese momento habíamos ido dando tumbos, sabiendo que algo no encajaba pero sin encontrar respuesta: a lo de «no le pones límites» y «deja la teta y comerá», podéis añadir el «ya hablará» y el «todos los niños lo hacen».

El colegio nos cerró las puertas. Buscamos otro. Buscamos ayuda psicológica privada, que no vio el autismo y en tres visitas se acabó, y pública, que no tuvo otra ocurrencia que decirme que la lactancia le generaba dependencia y otra vez con la misma chorrada de que no hablaba porque le hablábamos en inglés. Recuerdo decirle: mi marido habla inglés como si fuera catalán y castellano y yo lo entiendo y lo hablo. No sé ni como acabó la conversación, es muy posible que después de la perla de la lactancia materna yo sacase la artillería pesada y le soltara alguna fresca.

Aquel psicólogo no supo ver a una madre que estaba sufriendo mucho y que necesitaba más que nada en el mundo escucha activa sin juicios de valor. Nunca llegó a ver a mi hijo, ¿para qué lo iba a llevar?, estaba claro que no nos iban a ayudar. Sólo con decirme que la lactancia materna causaba dependencia estaba claro que no tenia ni idea de lactancia materna y mucho menos de acompañamiento emocional.

Si no quieres dar teta, que sea porque tú no quieres, no porque te mientan y te inculquen miedos y prejuicios.

La lactancia materna me ayudó a superar los años peores. Los de los mordiscos, las patadas, las huidas, los golpes, los gritos. Me recuerdo a mi misma enmedio de sus explosiones obligándole a tomar teta para que se calmara. Cruel y real, le obligaba, lo cogía, lo apretaba contra mí, lo calmaba, empezaba a succionar y se relajaba. No tenía otra herramienta, nadie me había hablado ni de pictos ni de soportes visuales ni de funciones ejecutivas ni teoría de la mente ni calendarios ni nada de nada. Totalmente primario.

Ahora lo puedo contar sin miedo a que me suelten idioteces del tipo «es que no va a madurar nunca», porque lo ha hecho. Y si me las sueltan, no me discuto. ¡Bye, bye! ¡Las redes son muy grandes! ¡Y mis oídos se vuelven sordos!

Cosas del tipo «no habla porque le estáis volviendo loco», estaban totalmente carentes de sentido, porque habla y si no lo hace bien del todo, no es por lo que hayamos hecho o dejado de hacer, es porque tiene autismo y un TEL.

Y lo que es peor, tal vez, si lo hubieran detectado antes, tal vez con la atención temprana que mi hijo nunca recibió, tal vez ahora hablaría mejor de lo que lo hace.

La lactancia materna fue contención, calma y refugio.

Al empezar p5 en un colegio nuevo, ir a logopedia y empezar a tener algo de lenguaje, él solo dejó la teta. Ya no la necesitaba. Había crecido y adquirido nuevas herramientas. Tenia cinco años y medio cuando la dejó. Habrá quién piense que es mucho, pero yo pienso que no fue ni mucho ni poco, fue el tiempo exacto que necesitó para sentirse mejor y madurar, para no necesitar esa contención emocional primaria que es la lactancia materna. Un par de años más tarde, la sombra de la ansiedad nos cubrió de nuevo. La diferencia es que entonces pudo expresar con palabras como se sentía: «I hate my life! I want to die! y un par de meses más tarde, las actuales terapeutas de #PequeñoThor nos daban el diagnóstico.

Tengan autismo o no, los niños necesitan herramientas para aprender a contener sus emociones, para conocerlas y aceptaras e integrarlas.

La lactancia materna es una herramienta para la contención emocional y la gestión de las rabietas.

Y si no quieres seguir ofreciendo lactancia materna, encontrarás otras herramientas para que las gestione.

Y si no le das lactancia materna, estoy segura de que habrás utilizado otras herramientas.y

Haz lo que necesites, lo que te diga tu corazón, pero no te creas a los que te dicen que la lactancia materna causa dependencia, esta idea es una idea recurrente que todavía pesa en muchas mentes anticuadas. No tiene ninguna base científica, si te interesa el tema puedes buscar a John Bolwby y sus teorías sobre el apego y el vínculo.

Si quieres compartir tu experiencia sobre lactancia y autismo, tanto si es materna como si es artificial, me encantaría publicarla en mi blog.

La etapa de la lactancia (artificial o materna) es una etapa clave en el desarrollo, no en vano la atención temprana se da desde los 0 a los seis años.

Es imprescindible que las familias reciban información veraz y que no se las juzgue por su forma de criar.

Acompañamiento emocional y escucha activa, tribu y apoyo.

Aquí acaba mi relato sobre lactancia, autismo y rabietas.

Un abrazo a todas las familias luchadoras que siguen este blog y feliz semana mundial de la lactancia materna.

15 comments on “Autismo, lactancia y rabietas

  1. La verdad, no sé porqué tengo vicio con este blog. Leo el título y digo: «Hoy si que no tengo nada que opinar. No sé nada de dar la teta, ni sé lo que significa, ni tuve rabietas. Que opinen otros.»
    Pero leo y leo y aparte de entretenido… me ha entrado sofoco. (¿Será la pitopausia?)
    Es que leo lo de :»Cruel y real, le obligaba, lo cogía, lo apretaba contra mí, lo calmaba…»
    y lo de » … donde mejor está, es en un portabebé con su madre o con su padre bien apretadito y contenido.»
    y ya empiezo a ponerme bobo. Me viene el recuerdo de mi madre cogiéndome y apretándome y luego mostraba a la familia divertida lo curiosamente quieto que me quedaba cuando lo hacía.
    No sé el motivo. Viendo «Temple Grandin» y su máquina de apretar, me emocioné porque en invierno, envuelvo el cuerpo bajo los hombros hasta las piernas con una manta ajustada y luego me siento en el sofá y meto los brazos (eso aumenta mucho la presión) y quedo como un gusano de seda. Mi hija hizo una foto. Siempre hay alguien dispuesto a enfotarte. Y yo me siento a las mil maravillas. «Bien apretadito.» Así que el porteo debe ser maravilloso para los niños.
    Nuestra hija durmió en la cama hasta los 8 años, edad en que dejó de llorar menos de una vez al día. «¡¡¡NO VAIS A PODER SACARLA DE LA CAMA!!!» Pues no.
    La cogíamos en brazos una y otra vez. «¡¡¡ESA NIÑA BAJALA AL SUELOOO!!!» Pues no.

    Y hoy es una mujer absolutamente genial e independiente, comprensiva, amable y con carácter. Y es la única hija que tenemos.
    Así pues …

    • Pues no se bien porqué, es algo sensorial, propioceptivo tal vez? Creo que si. Nuestro peque necesita para calmarse el abrazo, la presion. Tenemos incluso una manta de peso para las noches de ansiedad y miedo. Se calma. Ahora ya no le sirven mis abrazos, no queda mucho para que sea igual de alto que yo. Ahora mismo ya compartimos calcetines, el tiene 10 y yo 42, imaginate, je, je. Asi que aunque los abrazos de mama siempre son bienvenidos, ya no contienen como antes. La manta de peso, los cojines y las sabanas son su manera de sentir presión.
      Ole por vosotros por esperar pacientemente a que vuestra hija madurara, se desarrollara y creciera. Ningun niño se queda en la cama de sus padres. Un abrazo! 😊

  2. Hola!! Una vez más me encanta leerte. Con el tema teta lo he pasado bastante mal pero por lo que he percibido de los demás… tengo ahora mismo amor odio aunque al dejarla sentí liberación … mi hija tomó pecho hasta los Dos años. Desde que nació y a los 15 días no aceptaba la tetina del bibe ni con mi leche ni con ninguna otra , solo la tetita de mamá. Por supuesto que chupete tampoco y eso que la insistí. Nunca me llamó dar el pecho pero ella fue quien eligió y los primeros meses era su calma , su comida y su todo… dormía siestas de 5 horas enganchada al pecho y alternándose de pecho, yo tenía en mi cabeza eso de dejarla dormir en el carro , nada de encima mío! Y la primera vez que durmió encima mío con mes y medio creía que dormía incómoda porque se despertaba enseguida y no! Lo que hacía era reptar hasta minpecho pero no la dejaba engancharse hasta que un día entendí lo que pasaba y a partir de ahí era una gozada pues ella dormía más y estaba más tranquila … hasta el año más o menos lo diafruté pero a partir del año las críticas,la presión del entorno y quien no es entorno me podía…” la niña está enmadrada” “ no le des tanto el pecho que ya es mayor”. Con año y medio recuerdo la fiesta de cumple de su prima y mi suegro ridiculizándome porque mi hija con TEA sin diagnosticar le agobiaban mucho las multitudes y los niños pues claro, solo quería estar enganchada a la teta cada poco y eso molestaba y era motivo de burla…yo me iba a casa agobiada, triste y haciéndome sentir culpable que la niña no e más social por la teta…se dormía con el pecho, se tranquilizaba… y los psicólogos cuando iba porque la niña no sociabilizabs me decían que era porque tenía un apego excesivo y no fue uno ni dos si no tres psicólogos diferentes… cada vez me sentía más culpable por dar el pecho… con el pecho no le dejaba buscar o crear otras herramientas para calmarse…así que a los Dos años como no comía, pues a los 18 meses empezó a ser selectiva para acabar solo comiendo teta ( no llegaba a los 9 kilos y tenía Dos años no estaba ni en la tabla de percentiles) y todo era una vez por culpa del pecho. También dormía muy mal con muchos despertares y cada vez me pedía pecho …así que ya sentía agitación…al final la obligué a destetar porque ella hubiera seguido. Sentí liberación social, liberación porque la veía más independiente pero también las rabietas fueron más intensas, el dormirla ya no era coser y cantar o viajar en avión y tren, ponerla al pecho y quedarse dormidita … el momento de dar el pecho si lo echo de menos pero al final mamaba mucho, cada hora o menos así que estaba un poco cansada.

    Está bien leerte y ver qué no era tan malo como lo pintaban…

    • Tu historia me recuerda mucho a la mia, y mucho me temo que a la de muchas. Nosotras no causamos un apego excesivo, hacemos lo que podemos. Amar a nuestros hijos, abrazarlos y contenerlos nunca puede ser algo negativo. Un abrazo!

      • Si, lo del apego excesivo no lo entiendo. Si mi hija necesitaba estar pegada a mí yo solo se lo daba, no era sobreprotección …solo le daba lo que necesitaba… seguridad

  3. Maria Alban

    Me encanto su blog, sobre todo porque yo he notado muchos de esos cambios en mi bebe y recien tiene 1 año y 3 meses y quiero empaparme lo que mas pueda del tema; muchas gracias por hacerme entender que ellos son los que están en mundo que no los entiende y que no les tiene paciencia 🙂

  4. Melissa Freyre

    No sabes cuán identificada me he sentido contigo y tu peque, tantas cosas y situaciones me son tan familiares! Mi peque va a cumplir 3 años y se presume que tiene TEA, ya que comparte características con niños de esa condición, pero me dicen que aún es pequeño para ser diagnosticado. Por el momento está yendo a terapia ocupacional y al kinder, me encantaría también llevarlo a terapia de comunicación, pero andamos algo estancados económicamente. En fin, ya tratando de resolver eso para que en unos meses inicie! Mucha suerte y gracias por compartir tu experiencia y tus consejos!

    Un beso desde Lima, Peru,

    Melissa.

  5. Vanessa

    Te estoy leyendo y se me viene tantas mamás que pasaron por mi consultorio (Soy terapeuta de Lenguaje) , la falta de empatía para con las mamás con niños con o sin condición es un tema que para mí, como un problema de salud pública. Soy también consejera de LM y me encanta lo que señalas del desteté: ni mucho ni poco, solo lo que tu hijo necesitaba en su desarrollo. TE FELICITO por todo lo que hiciste por tu hijo! Eres una grande!

    • Gracias Vanesa! Necesitamos mas profesionales como tu, concienciados de lo que es realmente la la lactancia materna y respetuosos con los niños y las madres. Un abrazo

  6. Lincs Cadenas

    Hola
    Tengo un bebé de 21 meses, lactante, y que duerme con nosotros. A quien porteo cuando salimos a paseos de largas caminatas. Esta en terapia de intervención temprana por retraso del habla, y ya han comenzado a realizarle una serie de pruebas y aún no hay diagnóstico, pero se sospecha que sea autista en un nivel leve, lo cual ha retrasado su diagnóstico supongo. El caso es que aún no quiero destetarlo, ni sacarlo de cama, ni obligarlo a dejar el pañal, y no se si estoy haciendo bien en no presionar a un niño que posiblemente sea diferente, o si estoy siendo muy blanda con uno que puede dar más.

    • Hola, el destete es cosa tuya, no hay nada que perjudique a tu hijo por darle teta. O la dejará él, o tu le pondrás freno cuando realmente lo quieras. Respecto al colecho lo mismo, el sueño es un proceso evolutivo, acabará durmiendo solo, o no. Si tiene autismo es posible que tenga muchas papeletas para tener un trastorno del sueño. Si es así, el colecho y la lactancia pueden ser herramientas válidas como cualquier otra. Si estáis bien, si descansáis, no hay mas que hablar. Y respecto al pañal lo mismo. Es madurativo. El pañal se deja, no se quita. Si tiene autismo, pues es posible que necesite un acompañamiento más intenso, con anticipaciones visuales, pero es lo mismo. No consigues nada obligando, si está preparado lo dejará. Si no lo está, esperar y ver si entiende lo que se le pide, etc. Todo esto son recomendaciones generales que no sustituyen la terapia, ni las recomendaciones de un sanitario que conozca vuestro caso concreto. Lo que si te puedo asegurar es que la lactancia y el colecho (realizado con seguridad, claro) no son perjudiciales per se. Es vuestra decisión y vuestro derecho escoger la opción de crianza que más se ajuste a vuestras necesidades. Un abrazo.

  7. Pingback: Feminismo lactivismo autismo inclusión y salud mental primera parte

  8. Muchas gracias por tu experiencia. Somos Maxi y Ale, papá y mamá de Juan Pedro. El tiene dos años y cuatro meses y desafíos sensoriales, estoy agotada de dar la teta pero leer está info hace que no me sienta sola, que quiera seguir y acompañar a mi niño. Es muy difícil no entender, no saber qué hacer ni a quien pedir ayuda. Gracias desde Buenos Aires!

    • Hola Maxi y Ale, mucho ánimo a los dos, en especial a ti, Ale, que estás en un momento difícil de la crianza, todo pasa amiga. Me alegro que os ayude leer mi experiencia, no estás sola, somos muchas mamás que hemos pasado por lo mismo. Un abrazo grande a todos.

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