La muerte de la primera mascota.

Ayer su mundo se volvió del revés, como un calcetín, se dio la vuelta y se quedó al descubierto la parte fea, la de las costuras.

Su cobaya no resistió los antibióticos y los prebióticos no fueron suficientes, su sistema digestivo no aguantó.

Escribo estas lineas sentada en mi cocina y tomando un café, mientras mi hija duerme todavía y mi hijo está en su ordenador, tratando de calmar ese dolor que le oprime el pecho.

Ayer murió SU COBAYA. Su primera mascota.

Mi niño está viviendo su primer duelo de forma consciente. Su pequeña cobaya ya no está con él ni volverá nunca.

La cobaya empeoró de forma evidente la noche del sábado al domingo y por la mañana cuando nos levantamos estaba visiblemente afectada, paralizada, su sistema digestivo estaba detenido y eso es lo que sabemos que le ha causado la muerte. Sabíamos que era un riesgo que corríamos al ponerse enferma y necesitar antibióticos.

Intentamos ayudarla, pero en domingo, y siendo un animal tan pequeño y vulnerable,  poco se podía hacer. Por la mañana hubo un momento que nos planteamos buscar un veterinario de urgencia pero en menos de media hora cayó en picado y ya vi la muerte en sus ojos. He tenido montones de cobayas, hamsters, conejos, perros y gatos, así que la experiencia me decía que no iba a salir.

La negación: mama, inténtalo. Mama, haz algo. Mama, tu puedes.

Con 10 años aun te piensas que tus padres son todopoderosos y tienen una solución para cualquier cosa.

La aceptación: el dolor físico que causa el dolor emocional. Mama, me duele aqui, ¿que me pasa? Señalaba su pecho y su estómago, es la tristeza le dije, es la pena. Estás triste cariño porque sabes que tu bichito no volverá.

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No quiso hablar en todo el día, se encerró en su ordenador a manejar su pena y su dolor. No comió prácticamente nada en todo el día. No salió de casa, no salió casi de su cuarto.

El autismo de I. le dificulta identificar emociones, hay que señalarlas y nombrarlas para reconocerlas. Nunca había sentido un dolor tan profundo que le llegara a oprimir el pecho, que le llegara a cerrar el estómago. El aprendizaje es diferente al de L. Ella enseguida supo que estaba muy triste por la pérdida de la cobaya, como también supo que su hermano estaba pasando por un momento peor que el suyo. Al fin y al cabo, la cobaya que ha muerto es de su hermano, no de ella.

I. se ha encerrado en su ordenador literalmente. Lo necesita y lo respetamos. Esta mañana iremos a llevar a la cobaya al veterinario para que se queden con el cuerpo. Será la última despedida.

Ayer por la noche le expliqué con palabras sencillas las fases por las que ha pasado y por las que va a pasar. Durante el día de hoy le haré un pequeño soporte visual para que acabe de asimilar lo que es un duelo. Seguro que tendremos que acudir a ese soporte visual unas cuantas veces más en la vida.

Hoy no hay casal, hoy nos quedamos en casa a sentir, a vivir, a procesar.

Tiempo y acompañamiento.

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