El mundo después de la escuela obligatoria

Con suerte, nuestros hijos reciben un diagnóstico pronto, que se convierte en un dictamen y una adaptación curricular, se transforma en terapias y en visitas médicas. Pasamos más o menos como podemos de infantil a primaria y nos preparamos para dar el salto a la secundaria.

Los obstáculos por los que hemos tenido que pasar son tantos que ya nos han salido callos en el alma.

Las escuelas dicen que son inclusivas pero se niegan a ponerle pictogramas a tu hijo porque no saben, no están formados y encima les molesta que reclames lo que es tu derecho. Es una pena.

Voluntad le ponen cada uno en función de sus capacidades, porque sí, los profesores y profesoras, los directores y directoras de escuela tienen cada uno sus habilidades y capacidades diferentes. No son dioses, son personas. Y es difícil encontrar la horma de tu zapato, y menos aún la de tu hijo. Te cuesta un cambio de colegio, ansiedad por quilos y ganarte el título de madre histérica. A mucha honra.

Al final, lo consigues, encuentras ese punto de comunicación y entendimiento necesario para que tu hijo vaya avanzando, te entiendan, les entiendas y respiras una temporada.

Pero tú ya estás pensando en la secundaria, en el siguiente obstáculo. Y empiezas a mover ficha a pesar de que ahora mismo todo está en equilibrio, porque dicen que persona prevenida vale por dos y ya las ves venir.

Sabes que te puedes equivocar pero tienes que preveer, pensar, y tomar decisiones. Somos los tutores legales de nuestros hijos y es nuestra obligación decidir por ellos, buscar el mejor camino aún a sabiendas de que nos equivocaremos por el camino. Te empiezas a reunir con tu marido y hablas con él como si de un proyecto de ingeniería se tratara: calculando riesgos, estabilidades, efectos colaterales.

Sí, me preocupo. Y también me ocupo. Cada día. Nos ocupamos, mi marido y yo, toda la familia.

Mi siguiente batalla va a ser el título de secundaria. ¿Con adaptación curricular significativa? ¿Le darán un título que le permita seguir estudiando?

Mucho me temo que no.

Pero es más, aún en el caso de que a pesar de las adaptaciones le dieran el título, ¿qué va a poder estudiar?

¿Una carrera? Necesitará adaptaciones y apoyos… ¿se los darán?

Me veo con cincuenta años y adaptando materiales universitarios… Estoy estudiando psicología, formándome…¿para mí? ¿para mi hijo? No lo sé. ¿Dónde están mis inquietudes personales y dónde está la necesidad de darle una oportunidad a mi hijo?

Se diluyen….

Hoy veo en el Bruguers digital (@bruguers) que el año que viene el IES Calamot en Gavá (@ajuntamentdegava) ofrecerá un ciclo formativo superior… en la modalidad de auxiliar de ventas y atención al público. Supuestamente adecuado para personas con discapacidad intelectual y dentro del espectro.

Aquí la noticia.

Veo revuelo en las redes sociales, en el grupo de la Plataforma Inclusiva de Gavá, una amiga me lo manda contenta porque en Gavá habrá un ciclo formativo para chicos cómo el mío, me lo envía contenta, sabe cuál es nuestra problemática y se alegra. Y a mí me sabe mal, pero…me deja indiferente.

Me quedo igual… tal vez debería dar saltos de alegría… tal vez debería estar agradecida… obviamente hay gente que ha luchado y peleado y ha puesto todo su empeño y gracias que lo han conseguido. Solo faltaría tirar por tierra el trabajo de los demás, para nada. Es un gran logro. Hay administraciones que han respondido y han hecho su trabajo.

Pero, es que no puedo estar contenta, no puedo celebrarlo.

¿Un ciclo formativo para NEE en Gavá? ¿entre cuántos que no tienen la etiqueta NEE?

En el grupo de la plataforma inclusiva hablan de siglas que aún desconozco: IFe, Pfi… mucho me temo que me voy a tener que empezar a poner las pilas otra vez… a meterme dentro de la maraña administrativa y la jerga burocrática para la nueva etapa que se aproxima.

Estoy triste y muy cansada. Esto no se acaba nunca. Mi hijo y los hijos de muchas familias que como el mío, estamos un paso atrás: sí, un paso atrás en el sistema. Fuera. En las Usees, o Ussei o como se digan ahora. En las aulas de educación especial. Y sin título de secundaria. Sin opciones de futuro. Con un ciclo formativo en atención al público para mi hijo con autismo.

Perdonad que no me levante y aplauda.

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