Reseña de “Parir”, de Ibone Olza

Parir, de Ibone Olza, es un libro que recoge a la perfección mis miedos más profundos sobre el parto, así como el reconocimiento de que el activismo mueve las cosas y la esperanza de que aún podemos mejorar.

El libro se estructura en seis capítulos en los que la autora recorre todo el proceso de parto, desde la perspectiva de la madre, los profesionales y el bebé. Analiza las implicaciones de género de la medicina alrededor del embarazo, parto y posparto y habla abiertamente de violencia obstétrica.

Describe una violencia transversal hacia las mujeres que se encarniza especialmente en una etapa de la vida sexual de la mujer en la que es más vulnerable. De como no sólo se puede ver afectada la salud física de la madre ante un parto intervenido y sin cuidados, sino también la salud mental. La eterna olvidada.

La salud mental en un grupo de ayuda mutua a la lactancia

En los años que llevo siendo asesora he podido comprobar como los problemas de salud mental perinatal son llevados en la intimidad y silenciados muchas veces por los familiares de la madre.

Durante mucho tiempo fui ignorante de este tema: inexperiencia, falta de formación, etc.

Entonces, una vez lo viví en primera persona, cuando tuve que dejar de trabajar para recuperar mi salud mental y coger una excedencia en el trabajo tras el diagnóstico de mi hijo, debo admitir que mi actitud ante este tema cambió.

Empecé a hablar abiertamente de ello en los grupos. De Salud Mental, de las problemáticas que podemos vivir las mujeres tras el parto: especialmente el trastorno por estrés postraumático y la depresión por parto.

Al empezar a nombrar de vez en cuando estas situaciones, comprobé como cada cierto tiempo alguna me pedía en un mensaje privado si le podía recomendar alguna psicóloga para tratar sus dificultades.

Los comentarios suelen ser del tipo: mi familia me dice que porqué me quejo, si el niño está bien. Reflejo de lo poco interiorizada que está el bienestar y la salud mental de las madres y la realidad de las personas que viven con malestar y con problemas de salud mental.

La vulnerabilidad en el parto y la violencia obstétrica

El parto es un momento especialmente vulnerable.

Vulnerabilidad

1. adj. Que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente.

Diccionario de la Real Academia Española

La vulnerabilidad es saber que te pueden hacer daño, que estás en un momento en el que no puedes defenderte. Y el parto, como digo, es un momento de indefensión máxima. Necesitas como nunca asegurarte de que las personas que están a tu lado son de confianza.

Para parir se necesita un entorno seguro, silencio, oscuridad, intimidad, … todo ello son requisitos similares a lo que necesitamos para mantener una relación sexual… consentida, consensuada y con placer para ambos.

La violencia obstétrica descrita en Parir, de Ibone Olza, refleja una realidad que duele. Y es la violencia, en general, contra las mujeres. La violencia sexual y la violencia obstétrica tienen mucho en común.

Las mujeres que han vivido un parto traumático suelen describir el parto con el mismo lenguaje con el que describirías una violación. (cap.4, Parir, Ibone Olza)

Ambas violencias, tienen en común el abuso de poder que se ejerce contra la voluntad de la mujer. La anulación de la autonomía y la capacidad de decisión. La cosificación. En un caso una mera vasija para parir un hijo, en el otro como objeto de placer ajeno.

La episiotomía: la mutilación genital femenina en occidente

Los partos de mi madre, en los que nacimos mi hermana y yo, y un tercero que no llegó a término, fueron muy intervenidos.

Tal y como se paría en aquella época, en los setenta. Anestesia total, episiotomía, fórceps, separación absoluta madre-bebé.

Mi madre no me dio lactancia materna porque las enfermeras le dijeron que “solo tenía calostro, que no tenía leche.”

Teniendo en cuenta que me daban biberones en la nursery, que los momentos en los que estaba con mi madre estaban pautados y la anestesia total, lo raro hubiera sido poder dar el pecho.

“Lo peor que le pueden pasar a un recién nacido es que lo separen de su madre” (Nils Bergman, citado en Parir, Ibone Olza, cap.3)

Las cosas han cambiado mucho y desde luego mirando con perspectiva han mejorado muchísimo, pero distan de respetar, todavía, el derecho a la autonomía en el parto de la mujer.

Se sigue administrando oxitocina y epidural de forma sistemática (si no quieres epidural ni oxitocina, no te lo suelen poner fácil) y se siguen realizando episiotomías de rutina.

El relato de mi parto, de cómo nací yo, no lo supe realmente hasta que en uno de los cursos que imparte Ibone Olza en el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal se me pidió que lo redactara.

Con una serie de preguntas-guía, fui recogiendo los retazos del relato de mi madre y de mi padre sobre el día de mi nacimiento.

Aquel día comprendí porqué siempre le tuve tanto pánico a que me cortaran, a la episiotomía.

Son recuerdos vagos y difusos, pero son el relato que siempre se ha escuchado en casa. “Tú naciste bonita”, me decía. “Las enfermeras solo hablaban de ti. Pero tu hermana, sufrió mucho en el parto.”

Mi madre también sufrió. Escuchar como tu madre te explica que durante meses no se pudo mover del “tajo y la carnicería” que le hicieron en el parto de tu hermana con la episiotomía, te marca para toda la vida.

Mi parto, mi cuerpo, mi decisión

Así que cuando tomamos la decisión de buscar un embarazo mi marido y yo, lo primero que pensé es: no quiero que me corten.

Todo lo vivido posteriormente con mi hermana y sus dificultades, me convirtieron en una defensora del parto sin intervención a ultranza. En Ser hermana, ser madre, podréis comprender a qué me refiero, las consecuencias que tuvo para mi hermana un parto intervenido.

Yo solo sabía que no quería que me cortaran, pero no es solo el corte, es la falta de consentimiento, es saber que te lo pueden hacer sin tu permiso, que en ese momento no te puedes defender.

Es ser consciente de que dependiendo del equipo médico que te toque, respetarán tus decisiones o perderás absolutamente tu autonomía. Una lotería.

Como digo, las cosas han cambiado mucho y mejorado, sin lugar a duda.

La anestesia total, el rasurado y los enemas están desterrados de muchos sitios.

Pero todavía nos queda mucho por hacer, las Kristeller, el punto para el marido, los tactos abusivos, siguen sucediendo…

Y todo esto tiene una clara afectación de la salud física y mental de las madres.

Cuando me planteé ser madre, dada mi historia previa, supe claramente que necesitaba asegurarme de que iba a estar asistida por alguien que respetara mis deseos. Y así lo hice, en aquel momento pagando un ginecólogo privado.

Parir debería ser un placer, una bienvenida serena y feliz al mundo de un ser nuevo. Mientras no se den las condiciones para que todas las madres puedan decidir cómo y dónde parir, sin que dependa de las posibilidades económicas o el lugar en el que tenga lugar el nacimiento, el activismo no se detiene.

Referencias

Olza, I. (2017) Parir. Editorial B de Books.

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