Autismo y vacaciones: crónica de una rutina anticipada…o no?

Tres años hace ya que repetimos destino vacacional, porque nos gusta, claro, pero también porque aporta seguridad y tranquilidad al grandullón de la casa.

Reconozco que me costó adaptarme. Yo soy…o era…de las que disfrutaba con la improvisación: ver monumentos, museos, uno diferente cada día, no parar y esas cosas.

Y, en fin, llegó el peque y nos pilló en una etapa económicamente complicada. Así que de vacaciones nada, como mucho al pueblo de mi suegro. Mirándolo bien, casi que mejor…no sé como nos lo hubiéramos montado de vacaciones con el peque, tal y como llegó a estar en algunos momentos.

El caso es que hace tres años nuestra suerte cambió, curiosamente coincide también, más o menos, con el diagnóstico de I., y menos mal, porque ya os digo que hace cinco años no hubiéramos podido pagar las terapias que necesita y que tanto le están ayudando.

Así que empezamos a salir de vacaciones y yo, pues que queréis que os diga, me moría de ganas de entrar, salir, volver a salir y volver a entrar.

Y mi marido, que a veces (solo a veces, eh?!) tiene más razón que un santo, pues propuso ir a un hotel con piscina, al lado de la playa, en régimen de todo incluido.

Al principio no quise, y medio a regañadientes me dejé convencer y tengo que admitir que fue lo mejor que pudimos hacer. Para muestra un botón, tercer año que repetimos.

El primer año que estuvimos en el hotel ya sabíamos que I. tenia TEA y llevamos nuestro calendario, en aquella época de pictos y los soportes visuales que teníamos en casa, o los copié en folios con rotuladores o los volví a imprimir y los colgamos por la habitación, el lavabo o donde hiciera falta.

Fue un éxito. Se lo pasaron pipa.

Ahora bien, los primeros días, os puedo asegurar que me moría de asco. Tal cual. La rutina se me comía por dentro, me aburría soberanamente. Al tercer día decidí que no podía ser que estuviera con ese ánimo en mis vacaciones. Me compré autodefinidos, crucigramas y sopas de letras. Y así maté el aburrimiento. Con pasatiempos y dejándome llevar por las ganas de animar al personal que tiene el equipo de animadores del hotel, que son muchas (bendito equipo).

El segundo año que vinimos al hotel ya no llevamos tantos soportes visuales y con el calendario y un par de cosas más, nos apañamos. Me leí tres libros.

Y este año me he leído otros tres libros y solo hemos viajado con nuestro calendario de anticipacion.

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La rutina es desayuno, piscina o playa, comida, descanso en la habitación (o sea, rato de tablet para el peque), piscina o playa, ducha, cena y espectáculo (rato de tablet).

Cada noche hacen minidisco para los peques, el equipo de animadores se inventa alguna obra de teatro o actividad y para acabar traen alguien de fuera del hotel: magos, malabaristas, etc que hacen su espectaculo.

No os voy a engañar, I.se pone sus cascos y se olvida y se aleja del tumulto y del barullo. Este año incluso se ha quedado en la habitación con su tablet mientras nosotros estabamos abajo con la peque bailando y botando y lo que le propongan.

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Los cuatro tenemos lo que necesitamos: los peques piscina y playa, además el peque sus ratos de tablet y soledad deseada, su rutina y su estabilidad, la peque bailar y botar con los animadores, Ramon y yo leemos, piscina, playa y de vez en cuando tambien bailoteamos con los animadores.

Y nos adaptamos por él, por que lo necesita, y a nosotros, a Ramón, a la peque y a mi nos bulle por dentro la vena improvisadora, la vena esa que quiere romper la rutina y entonces, cada vez que subes al ascensor del hotel y el altavoz dice: “abriendo puertas”, sales a ritmo de salsa por el pasillo cantando y bailando: “cerrando heridas, porque en el año que llega vamos a vivir la vida”. Gloria Stefan.

Tus hijos te miran mal, tu marido se parte de risa mientras te sigue el ritmo con la cabeza y la gente del hotel te mira con esa media sonrisa que no sabes si es de asco o de pena.

Yo soy madre histérica, él es un padre histérico. Está fatal igual que yo. 😂😂😂😂.

Te pasas la tarde con la peque bailando al ritmo de la ametralladora, el despacito y no sé cuantas más canciones que sólo bailas porque estás rodeada de gente en bañador y con la vergüenza escondida entre las hamacas.

Y luego te inventas una encuesta en las stories de instagram para saber qué técnica utilizan tus seguidores en la piscina; si son bolsita de té, entrar, salir, toalla, y repetir en ciclo. O si son lechuga arrugada, entrar y no salir de la piscina.

Ganó la lechuga arrugada por goleada.

Yo soy bolsita de té.

En fin, que cualquier excusa es buena para hacer un chiste malo, reírnos de nosotros mismos y sonreír a la suerte que tenemos de estar los cuatro juntos disfrutando.

Nada más que añadir.

Espero que hayáis disfrutado de un merecido descanso.

Nosotros regresamos ya, hasta el año que viene que repetiremos destino, o no?😉

❤💙❤💙❤💙❤💙

¡Vivan las vacaciones!

 

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